miércoles, 20 de junio de 2007

¡Primera Vez!

Primera vez en Ciudad Satélite, más allá de mis límites nocturnos que ofrecen por lo menos una opción cada 30 metros, buenas taquerías para el bajón y transporte colectivo por si de pronto necesito huir. Ahí estaba, celebrando el cumpleaños de mi amigo Jorge en un bar en medio de la nada, sumergido en cerveza y vodka, creyendo que lo peor de la noche había sido el sateluco que me quiso ligar en la barra -pero que sirvió después de pretexto para intensos fajes con una chica-, ¡Oh Pendejo! La noche aún era muy, muy joven, y la barra del bar parecía estar bien surtida. Un par de horas después del incidente con el chico que ofreció pagar mi consumo por quedarme con él, el alcohol comenzó a escasear; así que el festejado y sus acompañantes salimos del bar para emprender la búsqueda de uno más, cuando de repente, un vaso de cerveza cayó desde el tablero de un vocho, derramando el espumoso líquido en la entrepierna pantalonezca de Jorge, quien al instante reaccionó coléricamente y salió del carro con un andar apresurado y cara de encabronamiento; después de un extenso surtido de insultos, sin dejar de caminar simplemente dijo Ya me voy. ¿A dónde va? Le pregunté a su cuate El Chipilo –pues a su casa-, ¡No maaamen! ¡Vayan por él, que yo me voy a quedar en su casa…! Unos en carro y otros a pie fueron a buscarlo mientras otros esperábamos afuera del bar, regresaron casi una hora después. No lo encontraron. Más tarde, tras pasar de un auto a un vocho en medio de la carretera como equipaje incómodo y asfixiar la pena en humo de cigarro hecho a mano con tres desconocidos, terminé en un puente, con los ojos rojos y la boca seca, viendo pasar el tren con uno de ellos antes de llegar a la casa de Jorge y sentarme en la banqueta dos horas más marcando un número con mi celular y esperando alguna señal. Al otro día descubrí que había terminado en Izcalli del Valle. Total, Jorge Berrinches no apareció; había tomado un taxi y dormía desde varias horas antes en su cuarto, ¡a unos cuantos metros de mi! Mientras su vecino y yo hacíamos guardia frente a su casa. Así que yo terminé, crudo, cansado, malviajado y humillado, durmiendo en un incomodo sillón de dos plazas en la casa de Vecino-desconocido por sólo cuatro horas. Desperté y ya en casa del amigo Berrinches descubrí que mi mochila se quedó en la cajuela del primer carro que me dio aventón… la recuperé un día después. La noche siguiente, luego de ir a trabajar con una terrible cruda física, emocional y moral, al fin llegue a mi casa para poder descansar; y por primera vez en muchos años aprecié y disfruté el maravilloso hecho de dormir en mi propia cama, relajado, estirado y sin preocupaciones. No se todavía cuál fue la moraleja o la lección de tal odisea, y no me importa, porque de lo que sí estoy seguro es que entre todo lo ocurrido, lo de la cama, ¡esa, sí que fue una buena experiencia!

3 morbosos dicen...:

♥KiTtY KaT♥ dijo...

HOLA HOLA JAJAJAJA VAYA VAYA QUE POST JAJAJAA!

Delta Kaoz dijo...

Solo tengo algo que decir:


HA HAA!!!!

UN SATELUCO!!!

ivan dijo...

para un chico textocano el chiste del sateluco no pasa de ser cagado porque te quiso ligar, lo chistoso fue que "una vieja" haya fajado contigo, tal vez el post deberia girar al rededor de eso jajajaja.
Esa elocuencia al describir tu viaje y "tus viajes" no me recuerda sino al GRan viaje emprendido por el buen ERnesto Guevara, tal vez lo tuyo sea cronicas viajeras o no sé.
De cualquier manera redactas chido, y mientras tu ego se empieza inflar termino para que no estalle frente a tu compu.
Vientos maestro tejeda.