lunes, 11 de junio de 2007

¡Felíz Cumpleaños Dr. House!

¿Qué prefieres? Un doctor que sostiene tu mano mientras te mueres, o uno que te ignora mientras salva tu vida
Hoy es cumpleaños de Hugh Laurie, el infalible doctor Gregory House, que cada semana resuelve un caso y salva vidas al más puro estilo de Sherlock Holmes (en quien está inspirado el personaje). Este doctor lo tiene todo, inteligencia, sagacidad, dinero (después de todo es doctor), buen pegue (que aunque no tiene pareja nunca falta quien le aviente el calzón) y un peculiar cinismo con buenas dosis de sarcasmo. Como doctor no le gusta hablar con sus pacientes, prefiere dedicarse a analizar síntomas, hacer diagnósticos y curar a la gente que soportar a pacientes con ideas paranoicas, que invariablemente dudan del diagnóstico de un profesional, y que además, siempre mienten. Durante sus tres temporadas, aparte de variados y extraños padecimientos, House se ha enfrentado a la necedad de sus colegas, a la terquedad de varios pacientes en negación, a padres iracundos, parejas infieles, mafiosos intolerantes, por supuesto a varias demandas, e incluso ha enfrentado al mismísimo Dios. Pero, de entre todos los enemigos que se han cruzado en su camino, hay un par que tiene ciertos patrones que llaman demasiado mi atención, porque estoy seguro de que todos conocemos a alguien como ellos. Son personas que nada tienen que ver con la vida de House y aún así viven molestos por su irreverente personalidad, se desgarran las vestiduras por el hecho de que House no le rinde cuentas a nadie, no se cuadra ni se rige por "reglamentos" ni "dilemas éticos" y aún siendo adicto al vicodin, hace su trabajo de modo inmejorable alcanzando siempre cualquier objetivo que se proponga. ¿Les suena familiar? porque por lo menos a mi, sí. Y francamente aún no me explico qué es lo que lleva a algunas personas a ser así, qué los mueve para intentar ser un obstáculo en el camino de alguien más. Finalmente el que uno tenga cierto éxito en su área laboral, de estudios o hasta en su familia y circulo de amistades, o de plano posea inteligencia y talento para hacer las cosas, a nosotros no nos afecta en nada. Cada quien su vida, así debería ser. Nada nos quita si alguien es muy chingón en lo que hace, y no debería preocuparnos ni afectarnos la manera en que se conduce una persona ajena a nuestro círculo de amistades y familia. Curiosamente, es entre la gente que no tiene nada que ver con tu entorno social o de trabajo donde están los que se desgarran las vestiduras porque eres exitoso y no te comportas como ellos quisieran. Que absurdo, ¿no?. Además, de este grupo, son las personas con algún tipo de "autoridad" (los que en el trabajo tienen aunque sea un poco de mando sobre ti, los maestros, los policías, la gente de política, etc., etc.,) las que no conformes con vivir indignados por tu existencia intentan sabotearte desde la cima de un ladrillo o de una barda. Mi pregunta es, ¿de dónde viene esta intoxicante enfermedad de odio que invade a algunas personas con espíritu chingante? ¿dónde se origina? Mientras buscan, ¡haber si encuentran la respuesta al origen del problema!, les recomiendo ver la cura (vean dr. House). House ha sabido manejar perfectamente ese tipo de embates y ha salido victorioso. Su voluntad es inquebrantable, igual que su sarcasmo y su cinismo. En cuanto al actor que lo encarna, Hugh Laurie, a partir de que comencé a ver la serie, ya no puedo dejar de verlo como el doctor House, en cualquier otra pelicula o serie que haya hecho, incluso en las películas de Stuart Little donde sale ñoñísimo, ya es imposible verlo y convencerme de que no es House, sin excepción.
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...Bueno, quizás esta es la excepción..., pero nada más :D
¡FELIZ CUMPLEAÑOS DOCTOR HOUSE!

1 morbosos dicen...:

Ed dijo...

Bueno, si House le gano a Dios es imposible que no pueda contra simples mortales carcomidos por la envidia. A fin de cuentas, es la envidia la que lleva a esos personajes a torpedear nuestra actitudes. Y tal como tu dices, el mejor remedio para eso es sarcasmo e ironia en su estado más puro. Es desprecio a fin de cuentas.